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| Tercer tsunami |
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¡Qué importante terminó siendo Fujimori!¡Y pensar que llegó al poder por casualidad! Un mes antes de las elecciones de 1990 simplemente no existía. De hecho, se había presentado a la Presidencia sólo para arrastrar votos para ser senador (en ese entonces se permitía esa absurda doble postulación). Pero cuando el arrastre del escritor empezó a diluirse por errores propios y por la labor de demolición del gobierno aprista, se produjo un vacío político y la gente se inventó un presidente; y quién mejor que uno que prometía honradez, tecnología y trabajo. Así, ironías del destino, Fujimori, un ilustre desconocido, terminó derrotando en las urnas tanto a Vargas Llosa como luego a Pérez de Cuéllar, los peruanos más famosos de la época.
Sus años en el poder no estuvieron exentos de aciertos y éxitos importantes. Sin anestesia, es verdad, pero logró recuperar la economía que había colapsado durante García. Puso, también, orden, eficiencia y modernidad en varios ámbitos de la gestión pública. Por el lado de la seguridad logró derrotar a Sendero Luminoso. No, como se cree, por las crueles matanzas que están a punto de llevarlo a la cárcel, sino porque un trabajo de investigación de años de la Policía dio frutos durante su gobierno y se pudo desmantelar toda la cúpula senderista. Además, porque las Fuerzas Armadas finalmente entendieron que los campesinos no eran sus enemigos sino sus aliados estratégicos. Por cierto, para ninguna de las dos cosas se necesitaba un golpe de Estado. Fue así su propia decisión de establecer una relación simbiótica con Montesinos y todo lo que ello conllevó en términos de terror de Estado, desmantelamiento institucional y corrupción generalizada, lo que terminó sellando su legado. Visto fríamente, si Fujimori no se hubiera obsesionado con la segunda e ilegal reelección que le ofrecía Montesinos, sus peores crímenes hubieran pasado desapercibidos y hasta podría ser ahora de nuevo presidente. A la vez, puede que aún si hubiese querido otro curso de acción, no hubiese podido ya escapar de la telaraña que él mismo contribuyó a tejer. Abona a esa teoría que cuando su siamés Montesinos cayó, ya no pudo sobrevivir y huyó del país, empezando sus casi siete años como prófugo de la justicia. Ahora, con la decisión de la fiscal Maldonado, ese segundo capítulo de la historia política de Fujimori -tan influyente y funesto como el primero- empieza a cerrarse. Con la detención domiciliaria, la fuga a Tokio desaparece como opción. Así, si todo sigue el rumbo marcado por la fiscal, Fujimori terminará en Piedras Gordas y se abrirá un tercer capítulo de su vida política. Y este, al igual que los anteriores, será un tsunami con grandes efectos en la política nacional. El principal interpelado será el gobierno aprista, cuya cercanía al fujimorismo ha sido enorme en su primer año. Si alguien lo dudase, baste recordar a quiénes escogió García para sus dos vicepresidencias. Pero con Fujimori preso y sus partidarios bombardeando la institucionalidad para librarlo de sanción, los fujimoristas se convertirían en aliados aún más impresentables (eso, si es que se quiere mantener un mínimo de decoro democrático y no seguir enfureciendo a las bases del partido). En esa medida, quizás se le abra al Apra una oportunidad de oro para cortar palitos con los herederos de la dictadura cleptócrata y buscar mejores juntas. Artículo publicado el domingo 10 de junio de 2007, en diario Perú 21. |
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