Veinticuatro años de injusticia para Jaime Ayala Los rostros de la impunidad: Caso Matero  Veintitrés de la Masacre de Accomarca
Los infantes de Marina descuartizaron a Ayala PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Ernesto Chávez Álvarez   

A Jaime Ayala lo descuartizaron en el estadio de Huanta. Los infantes de Marina enterraron las partes en varios puntos del campo de fútbol y se aseguraron de que los testigos permanezcan callados todo este tiempo. Incluso amenazaron de muerte al que recibió la orden de desaparecer el cadáver y a los otros detenidos que vieron cómo lo torturaron durante 11 días.

Son las palabras dolidas pero exigiendo justicia de Rosa Luz Pallqui, la viuda de Jaime Ayala, quien, después de dos décadas, ha podido reconstruir la tragedia gracias a las versiones de testigos claves y las investigaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, pese la exasperante lentitud de la maquinaria judicial y la desaparición del principal inculpado, capitán de corbeta AP, Alvaro Artaza Adrianzén, Comandante Camión.

Por lo menos tres marinos, entre los que figura el que recibió las órdenes de deshacerse del cadáver de Jaime Ayala, relataron lo sucedido la aciaga tarde del 02 de agosto de 1984 en el estadio municipal de Huanta y, por lo tanto, sus declaraciones cobran vital importancia ahora que el caso se ha judicializado.

Rosa Pallqui declara que, después de 19 largos años de angustia, se enteró de lo que ocurrió realmente con Jaime Ayala, con las declaraciones de los testigos a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, donde se señala que el hombre de prensa fue cruelmente torturado, asesinado y descuartizado.

Dijo que el militar entrevistado por la CVR, debido a sus creencias religiosas y su carácter distinto, fue obligado a presenciar las torturas sufridas por su esposo en los vestidores del estadio. Luego, como castigo, recibió la orden de desaparecer los restos.

La pesada cruz se hizo terrible para ella en octubre de 1983, tras el interrogatorio que los representantes de la Fiscalía de la Nación le hicieran al Comandante Camión, quien respondía con escalofríante serenidad pero siempre con evasivas. "Ese día supe que mi esposo no volvería más a casa", recordó.

"Se creía superior porque era blanco y alto. Despreciaba a la gente del pueblo y decía que todos éramos terroristas. De eso supieron sus jefes, pero no hicieron nada. Desde que llegó Artaza a Huanta comenzaron las desapariciones", dijo.

FALSO SECUESTRO

Rosa Pallqui y su hijo, Boris Ayala, también periodista, tienen la convicción de que el capitán AP Alvaro Artaza, planificó su autosecuestro ayudado por algunos de sus compañeros de armas y se encuentra oculto en algún lugar del Perú o el extranjero, para seguir burlando a la justicia.

"Nunca creímos la historia de su secuestro ni su posterior asesinato. Nunca apareció su cadáver. Además, la que insistió en que se le diera por muerto fue la Marina y no su familia. Cómo puede ocurrir una cosa así, cuando se suponía que ya estaba de baja. Ese fue un invento de los militares para protegerlo y evitar que delate a sus cómplices. Yo le pediría que se presente y dé la cara", exclamó la indignada viuda.

Recordó que en ese entonces, los oficiales de la Marina demostraron en múltiples oportunidades que protegerían a toda costa al comandante Camión. Negaron la presencia de Jaime Ayala en el estadio de Huanta y, ante la aparición de testigos, se emitió un comunicado admitiendo que el periodista había ingresado, pero que había salido de la base militar después de diez minutos.

"Tiempo después, en vez de castigar a este oficial, lo premiaron manteniéndolo tres meses más en Huanta. Para colmo, cuando se le sindicó como el culpable de la desaparición de Jaime, fue nuevamente premiado y enviado a La Mar, donde, tras su llegada, comenzaron las matanzas. Para mí no hay dudas. El asesino de Jaime está vivo", señaló Rosa Pallqui.

"Hay varias denuncias periodísticas que aseguran que él no ha muerto, que está en Estados Unidos. En lugar de sacarlo del caso, la fiscalía debería pedir que se le busque y se le traiga al país para que sea enjuiciado", exigió.

CVR EXIGE UBICAR A CAMION

El ex jefe de la Unidad de Investigaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Wilfredo Pedraza, señaló que existen numerosos indicios por los que se ha concluido que Alvaro Artaza no ha muerto y debe ser procesado por la desaparición forzosa de Jaime Ayala.

Explicó que el oficial de Marina fue "supuestamente" secuestrado el 2 de febrero de 1986, pocos días después de que el Poder Judicial falló a favor de que el caso del periodista Ayala sea investigado en el fuero común. Además, no se denunció el hecho en su momento, ni se pidió rescate a la familia. "Muchas cosas hacían suponer que se trataba de un falso secuestro, con la intención de eludir la justicia", acotó.

Precisó que la muerte presunta es un mecanismo concebido para efectos de carácter civil, administrativo o sucesorio. "Y en este caso hay además denuncias que hacen suponer que está vivo, por lo que la investigación debería reservarse hasta que se determine su paradero", repuso.

Y es que la declaración de presunta muerte, que el ministerio de Defensa promovió en 1989, deviene en una coartada perfecta del Verdugo de Huanta, señalado como el principal responsable de la desaparición del periodista de La República, Jaime Ayala Sulca, y del asesinato de más de 50 pobladores de Huanta.

INFORME CONTUNDENTE

La CVR señala que el PCP-Sendero Luminoso estableció un patrón de amedrentamiento generalizado de la población y de asesinatos de autoridades, policías, militares y población en general. Y, por el otro lado, bajo el manto de la política antisubversiva, los agentes del Estado perpetraron numerosas desapariciones forzadas, actos de tortura y ejecuciones extrajudiciales.

Menciona que el incremento de muertos en las provincias de Huanta y La Mar se debe, además de las acciones de Sendero Luminoso, a la actividad de la Infantería de Marina que el 21 de enero de 1983 estableció su cuartel general en este estadio. Las principales medidas dispuestas por esta fuerza militar en la zona fueron la imposición del toque de queda, la organización de patrullas desarrolladas en la población rural del valle, y la instalación progresiva de bases contrasubversivas.

Según la Defensoría del Pueblo, entre el 1º de enero de 1983 y el 23 de agosto de 1984 se registraron 302 detenciones-desapariciones en la provincia de Huanta.

Los hechos que la Comisión presentó como el más duro y aleccionador ejemplo de la violencia que vivió nuestro país en el año de 1984 son: En primer lugar, el asesinato de seis personas pertenecientes a la Iglesia Evangélica Presbiteriana en la comunidad de Callqui, el 1º de agosto de 1984.

En segundo lugar, el 2 de agosto, el secuestro y desaparición del periodista Jaime Ayala Sulca, corresponsal del diario La República, en la base de la Infantería de Marina acantonada en el Estadio Municipal de Huanta. En tercer lugar, algunos días después, el 23 de agosto, el descubrimiento de 50 cadáveres enterrados en las fosas en Pucayacu, algunos kilómetros al norte de la ciudad de Huanta, en territorio perteneciente a la provincia de Acobamba, departamento de Huancavelica.

La información reunida por la Comisión permite afirmar que los detenidos en Huanta y alrededores eran trasladados a la Base de la Marina ubicada en este estadio, donde eran sometidos a interrogatorios con diversos métodos de tortura. Muy pocos eran liberados y la mayoría simplemente desaparecían.

Los casos investigados conducen a aseverar que el poder militar de la Base de Huanta puso en práctica una estrategia antisubversiva al margen de la ley, lo que se desprende del carácter sistemático y generalizado de las violaciones de derechos humanos. Según lo hallado por la Comisión, las ejecuciones extrajudiciales, secuestros y torturas no fueron producto de iniciativas individuales, sino manifestación de la propia estrategia adoptada de facto.

Publicado el martes 10 de octubre de 2006, en página web de Crónica Viva.

 
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