Escrito por Marcelo Puelles. Diario La Primera. Publicado: 30-08-2009
Si Rogelio Condoray Ccente estuviera vivo tendría ahora 30 años de edad, sería un respetable campesino en la comunidad de Putis, quizá con 7 hijos y una gran dote de ganado, pero ese futuro fue truncado por un grupo de militares que le arrebató la vida. Ayer su mamá Guillermina tuvo que pararse firme ante su ataúd, esperando el turno para darle cristiana sepultura, no como la que le dieron aquellos militares, en una falsa piscigranja, el 13 de diciembre de 1984.




Sin aliento, sin sentido: la masacre de Uchuraccay y su posterior politización han sido las peores tragedias del periodismo nacional, sin compasión. Cada año, Javier Ascue, periodista representativo de El Comercio hasta hoy y quien pudo ser el noveno mártir, recuerda el 29 de diciembre de 1982 por dos aspectos en pugna.
Moción de Saludo presentado por la congresista Juana Huancahuari a personalidades y organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos con motivo de conmemorarse el Día Internacional de la Paz. Entre las organizaciones figura la Asociación para el Desarrollo Humano Runamasinchiqpaq (ADEHR).
Los detuvieron ilegalmente, los torturaron, les dispararon en la cabeza, los enterraron en fosas comunes y posteriormente cremaron sus cuerpos para que nadie supiera de su existencia. Con esta brutalidad miembros del Ejercito asesinaron durante la decada de los ochenta a centenares de campesinos, con la confianza de que sus crímenes jamás serían descubiertos.